EL MAR DE MI DESEO

25/04/2016 § Deja un comentario


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 (NARRACIÓN ERÓTICA)

 

La arena, la brisa del mar y el salitre aferrado en la piel tostada… la arena, la brisa del mar, el salitre aferrado en la piel tostada y el olor levemente ácido de su sudor… y el quemor apagado de los rayos horizontales de un sol que muere… y el ritmo de tambor de mi pulso acelerado… y el susurro del quejido saciado de una caricia…

Tras la protección de una duna y tapados con la continua mirada del otro, despertamos de la contención.

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Nos habíamos visto cientos de veces desde los años de juventud temprana, pero nunca habíamos hablado. Siempre nos reconocíamos con la mirada, siempre en la misma parte de la playa, siempre nos sonreíamos con un guiño cómplice, y siempre a diez, a quince metros, nunca más. Quizá lo justo para poder sentir el roce de las miradas. 

Ese día, como los demás, llegó a media tarde andando por la orilla, con la cesta de esparto enganchada al hombro izquierdo y la sandalias de cuero en la mano derecha, perdiendo la mirada en el azul cristalino hasta el turquesa, y de allí al horizonte. El vestido suelto de lino blanco se mecía con la brisa, y acentuaba, más si cabe, el color de su piel. Era un desfile glorioso que me entretenía en degustar, que hacía que me olvidase de aquello que estuviera haciendo (alguna vez se me cayó algún libro de las manos, otras se consumía en la mano el cigarrillo que acababa de encender).

Rompía el final de las olas a cada paso. La espuma bañaba sus pies morenos y cubría ligeramente de arena la pulsera de plata enganchada al tobillo. Después se detenía un instante frente al agua, cerraba los ojos, respiraba hondo, y seguidamente se adentraba en la arena donde colocaba sus cosas. Era su ritual, su forma de conciliarse con el entorno, de la misma forma que yo tenía la mía, aunque este no sea el mejor momento para contarlo.

En la arena, a medio camino entre mi toalla y el agua, extendió una tela amplia, estampada, con motivos indios, sobre la que colocó la cesta en una esquina, y las sandalias en la contigua, para después quitarse el vestido, como si se tratase de una camisola, y dejar libre su figura esbelta. Nunca traía la parte superior del bikini, pero poco importaba, la juventud de la que hacía alarde se encargaba de mantenerle los pechos firmes y turgentes. Después del vestido, se quitó con cuidado las braguitas para, como todos los que estábamos en aquella playa, quedarse completamente desnuda, y tumbarse sobre la tela.

 Volví a mi lectura, que celosa por la falta de atención, había escupido el punto de libro a la toalla. Pero no pude continuar durante mucho tiempo, el calor y la humedad trabajaban para que el sueño me venciese, y como soy una víctima fácil, asumí mi derrota, aparté el libro, y dormí durante cerca de una hora. , Cuando desperté, sofocado, mientras me refrescaba con un poco de agua y me encendía un cigarrillo, me detuve a ver como leía, sentada sobre la tela. Gotas de sudor se desprendían de la parte posterior de sus orejas, descendían por su cuello, se deslizaban por su espalda; algunas incluso empapaban el tatuaje de dos orquídeas que resaltaban sus caderas. Levantó la cabeza, y con un gesto pausado deslizó sus dedos para deshacerse de las de que bajando desde el cuello, transitaban entre sus pechos hasta el ombligo. Entonces, se giró, escudriñó la cesta y de ella sacó una botella de plástico pequeña que resultó estar vacía. No me dio tiempo de pensar, un impulso me levantó de la toalla y me hizo acercarme con la botella de agua que aun tenía en la mano.

 – Creo que te hace falta un poco de esto. – dije extendiendo mi brazo, mientras ella aún sentada, se giró hacia mí y levanto la mirada despacio, deteniéndose apenas una fracción de segundo en mi sexo (lo justo para que yo me percatara), hasta mirar la botella.

 – Si, ufff!, muchas gracias! Pensaba que tenía otra botella llena en la cesta, pero he debido dejármela en el coche. – agarró la botella con una mano mientras las gotas de la condensación descendían por la botella, alzó la cabeza al cielo, y bebió un par de tragos largos. – Mmmmmm! Y además esta fresquísima! – Me dio de nuevo las gracias, para seguidamente sonreírme, ampliamente, también con los ojos.

 – Si, la suelo traer congelada para que me aguante fría toda la tarde.

 – ¿Tú eres nieto “d’en Tià gran”, verdad? – Asentí con la cabeza. – Hace mucho que no veo a ninguno de los tuyos por el pueblo, y a tí creo que sólo te he visto aquí.

 – Sí, bueno… nunca me gustó mucho el pueblo y apenas salía de casa de mis abuelos. Yo soy más de esto. Y desde que murió mi padre y que mi abuelo se fue a vivir con mis tíos… pues menos aún.

 – Entonces… ¿haces todos estos kilómetros solamente para venir a la playa?

 – Es solo una hora de coche. – sonreí, sin poder desviar la mirada de sus labios, anchos y oscuros, carnosos.- y vale la pena ¿no?. – ella miró alrededor, hacia las dunas, hacia el agua calma y cristalina, al pinar, la arena blanca; repasó levemente todos y cada uno de los elementos que conjuntamente hacían de aquel lugar un pedazo de paraíso, y acabó mirándome a los ojos mientras sonreía nuevamente y asentía con la cabeza. – A mí tampoco deja de sorprenderme verte aquí… aunque por otros motivos. – continué.

 – ¿lo dices porque soy musulmana?

 – si, bueno…

 – A ver… Yo nací en la isla, soy mallorquina, y aunque mis padres se empeñaron siempre en hablarme de argel y sus costumbres, y a pesar de algún que otro hábito, mi cultura es esta, la de aquí… Intento contentar a mi padre con alguna concesión, ya sabes… “el peso de la tradición”… – aclaraba, intentando poner una voz grave, mientras rompía la última sílaba con una carcajada abierta. – Pero no soy musulmana practicante. Ahora vivo sola y voy haciendo mi vida…

 – Haces tu camino. Eso está bien.

 – Si… lo intento.- entonces se quedó un instante callada, mirándome a los ojos, con una medio-sonrisa que ya mantendría toda la tarde, para romper de nuevo el silencio.- ay, perdona, ¿Te quieres sentar?

 – La verdad es que me apetecía un chapuzón, estoy acaloradisimo. – No lo pretendía, pero los nervios y la situación hicieron que eso fuese lo que saliera de mi boca.

 – Si, yo también… creo que voy contigo.

 Estuvimos largo rato en el agua, hablando del pasado, de la zona, de la playa; rememorando anécdotas, historias del pueblo que rozaban la leyenda urbana, que todos los chavales de una forma u otra decían haber observado, y que yo sólo conocía a través de la infatigable verborrea de mi hermano pequeño. Pude así disfrutar de su pasión por los “menudencias”, por hacer protagonistas a los detalles más pequeños, y del descaro de su ironía, mientras, amparado en la solitud de mi pensamiento, perfilaba sus ojos almendrados con los míos y fantaseaba con besarla, sin poder dejar de reír. Cuando la playa empezó a despejarse y la gente comenzaba a recoger y marcharse, decidimos salir del agua. Y así, andando hacia la orilla, con el agua apenas por la cintura, el uno al costado del otro (nunca habíamos estado tan cerca) ella dijo:

 – Estaba empezando a tener frío ya.

 – Si, ya lo veo! – dije inexplicablemente mientras miraba, sin poder contenerme, hacia la piel erizada de sus pechos, mientras recorría visualmente el contorno de sus pezones endurecidos.

 – Bueno, unas cosas se endurecen y otras encogen con el agua de mayo. – continuó ella sin ruborizarse, mientras miraba descaradamente hacia mi sexo, estallaba en una carcajada y me palmeaba suavemente en el trasero.

 Era la primera vez que nos tocábamos, que me tocaba, y el contacto de su piel me paralizó y descargó un escalofrío que me recorrió el cuerpo de arriba a abajo varias veces. En ese momento me supe perdido. Todo el esfuerzo invertido desde el comienzo de la primera conversación no sirvió de nada, y la fortaleza se derrumbó. Tuve una erección. Cerré los ojos con el deseo infantil de encontrarme en otro lugar, de trasladarme a 1000 km del sitio más cercano en el que ella pudiera estar. Me moría de vergüenza y mis mejillas me delataban. Volvió a estallar en una carcajada!

 – Madre mía! Y con el agua fría!.- seguía riendo mientras su enorme descaro me sonrojaba y me excitaba a partes iguales. Entonces me cogió de la muñeca, me giro, y me encaminó de nuevo hacia la zona más profunda.- Así no puedes salir-. Continuó sin dejar de reír.

 Cuando el agua cubría suficientemente mi “revelación”, paró, me soltó la muñeca, y me miró nuevamente a los ojos con su media-sonrisa. Entonces, mientras yo permanecía paralizado e inmóvil, se puso frente a mi, apenas con un palmo de separación, y me besó, mordisqueándome levemente el labio inferior en la retirada. Me acarició la mejilla con el pulgar, los labios, recorrió el perfil de mi nariz con el índice. Me besó de nuevo.

 – Espérate mejor un par de minutos antes de salir, aunque no quede ya mucha gente… – me dijo sin que pudiera decir nada, reaccionar siquiera.

 Entonces salió del agua, se dirigió a sus cosas y comenzó a recoger. Yo no entendía nada, estaba enormemente sorprendido y desconcertado. ¿Se marchaba? ¿Tenía algo que ver con la erección? ¿Si era por eso, porqué me había besado? ¿Le había molestado mi nula capacidad de reacción? Cuando hubo recogido se dirigió hacia mis cosas y realizó el mismo procedimiento, apresuradamente. Salí del agua algo excitado, turbado y confundido, no sabía que pensar, y con el fruncir de cejas le hice saber mi estrañeza.

 – toma y secate, no vayas a coger frío. – me dijo mientras me acercaba mi toalla. – me gustaría enseñarte un sitio que creo que te mencioné antes.

 – De acuerdo. ¿No nos vestimos primero?. – contesté, sin saber a cual de todas las localizaciones nombradas hacía referencia.

 – No importa, es aquí al lado. – me dijo señalando las dunas.- eso sí, deberías calzarte.

 Me coloqué la toalla en forma de pareo, me calcé las sandalias y la seguí a donde me quisiera llevar. La fascinación superaba con creces cualquier otra sensación que pudiera tener. Ella era un paraíso en sí misma, y quería descubrirla hasta el limite que ella quisiera ponerme pues, aunque pudiera sonar a broma por el color de su piel, constituía el oscuro objeto de mi deseo, desde hacía tanto tiempo que ni conseguía recordarlo. Pasamos por encima de las cuerdas con las que las autoridades marcaban la restricción al acceso de las dunas, esquivamos el cartel que prohibía el paso, y tras algún centenar de metros recorrido por lo que me pareció un laberinto de caminos, me mostró un pequeño sendero que tapaba un pino caído, y que daba entrada a lo que se asemejaba a un islote de vegetación con un espacio interior despejado. En un instante me vi rodeado de arbustos que me superaban en altura y que me aislaban de todo lo que hubiera más allá de ellos. Entonces ella extendió de nuevo su tela india, con el cuidado que la caracterizaba y colocó su cesta en una esquina, al tiempo que me invitaba a hacer lo mismo.

 – Es el lugar donde mis hermanas y yo nos escondíamos de niñas. Siempre ha formado parte de mí, y ahora tu formas parte de esto.

No sabía que contestar, ahora también estaba emocionado. En una tarde había conseguido hacerme sentir tantas cosas que estaba desbordado. El corazón me golpeaba en el pecho, se me aceleraba el pulso, y por primera vez pude comprobar que a ella le ocurría lo mismo. Me reconfortó; me hizo sentirme menos frágil, menos vulnerable, menos asustado. Esta vez fui yo quien se acercó, quería sentirla más próxima, y cogiendo su cara con mis manos la besé, al principio tierna y pausadamente, aunque la intensidad crecía con cada latido. Le acaricié la nariz con mi nariz, los labios con mis labios. Volví a besarla. Entonces separó ligeramente su cabeza y, mientras se relamía de mis besos, me sumergió en la pasión que le inundaba los ojos. Y finalmente, nos tumbamos y nos rompimos, para reconstruirnos juntos.

Y despertamos de la contención para amarnos,

para sentirnos la piel,

para cubrirnos los pezones, el cuello y los párpados del aliento del deseo,

para deslizarnos la lengua por encima de los labios,

para curarnos las mejillas con cada beso,

para marcarnos los muslos a cada mordisco,

para beber, sedientos como estábamos, de nuestros sexos calientes…

Y fue entonces cuando nos desentendimos de tamaños y de formas y nuestros sexos se abrazaron. Fue un instante en el que nos encendimos para consumirnos mutuamente; un momento de generosidad plena, de vaciarse en el otro, de ser más, en comunión con lo que nos rodeaba; la arena, la brisa del mar, el salitre aferrado en la piel tostada, el olor levemente ácido de su sudor y el quemor apagado de los rayos horizontales de un sol que muere… Un momento para sentirnos por dentro, para escucharnos todas esas frases que no nos habíamos atrevido a decirnos tantas y tantas veces.

Llegué al orgasmo con una intensidad que no he vuelto a tener; todos los músculos de mi cuerpo se sincronizaron para que derramase en su interior hasta el más pequeño atisbo de energía que pudiera quedarme. Una riada que la contagiaría a ella mientras me aprisionaba con sus piernas, mientras me retenía con sus muslos apretados. Una concadenación de espasmos y gemidos me anunció su orgasmo, muy seguido al mío. Arqueó la espalda hacia atrás, y una gota de sudor, nuevamente recorrió su abdomen para sucumbir en el ombligo. Recorrí ese sendero marcado con los pulgares, descendiendo desde el cuello, para volver hacia atrás con la lengua, desde la cintura hasta la barbilla; y me detuve en los pechos, y los besé nuevamente con detenimiento, para finalmente besarla y permanecer inmóviles, abrazados, hasta que conseguimos recuperar el aliento.

Nos vestimos, recogimos y caminamos hacia el parking cogiéndonos, sintiéndonos, buscándonos, echándonos en falta, ligeramente tristes porque los compromisos que teníamos cada uno a la mañana siguiente nos obligaban a separarnos. Intercambiamos los teléfonos, alguna que otra frase y muchos besos; nos despedimos varias veces, hasta que finalmente marchamos. Después de aquello pasaron los días y las semanas, y nos fuimos viendo cada vez más de vez en cuando, fue poco a poco dejando de acercase hasta la playa; fue poco a poco dejando de contestar a mis mensajes; hasta que un invierno después, el oleaje y la lluvia borraran nuestras huellas en la arena y, como una foto en sepia entre las páginas de nuestra rutina, se nos olvidara que una tarde de mayo fuimos eternos.

THE WINTER IS COMMING

25/10/2015 § Deja un comentario


“The winter is comming” es una frase que he oído más de una vez pero que realmente no se que narices significa (juego de tronos me aburre, y sé que pertenece a ese mundo). ¿Porqué la utilizo? sinceramente, es otra de esas cosas de mi vida que no sé porque ocurren… es lo primero que se me ha venido a la cabeza cuando pensaba en los dos inviernos que se me avecinan en breve: Uno a medio plazo, estamos a las puertas de Noviembre y ya hay luces navideñas invitandonos a comprar por la ciudad; y uno más inmediato, en el plano emocional.

Tranquilxs, no voy a daros la vara con historias y lamentos, ya no; tengo muy claro que esta vez, cuando vuelva a ser gris, no voy a mimetizarme con las calles más apestosamente aisladas y vacías de la ciudad, y a desaparecer en su silencio, sino que voy a dar rienda suelta de nuevo a la verborrea cansina que nadie leía por aqui, y a espantar ciertos fantasmas a cañonazos de letras… Esa es mi terapia…

PD: si, lo sé, este post es penoso, pero después de tanto tiempo estoy algo oxidado, es cuestión de tiempo y de profundidad…

Yo, el PSOE, y de porqué avalé a Madina pero votaré a Tapias.

11/07/2014 § 1 comentario


TAPIAS

El día 13 se presenta como un punto de cambio, y así es como lo he dispuesto… porque si no lo es para el partido, seguro que si lo es para el que escribe. Ya dije en ocasiones anteriores que avalé a Madina, que respetaba a Tapias, y que Pedro Sánchez me parecía impropio para un partido que se enorgulleciese de llamarse SOCIALISTA, por muchos motivos que ya me habréis leído otras veces. Y continuo pensando lo mismo pero con matices, aunque no en lo que respecta a Pedro “Power Ranger” Sánchez, el rey del postureo. Unos matices que dan sentido a este escrito; una reflexión que desearía compartir con vosotrxs.

Hace años que vengo interveniendo en política, ya sea haciendo política asociativa o política partidista, que es la que en este ámbito concierne, y en ambos casos me decidí a participar sin más pretensión que la de sumar, arrimar el hombro, y transformar esas cosas (tantas cosas) que desde casa podemos observar que no funcionan, o cuanto menos, no lo hacen de la forma que tocaría. Así que me sumé a los dos campos que más me tocan directamente la piel: el colectivo LGTBI y el Socialismo.

Siempre me he considerado de Izquierdas, muy de Izquierdas, y aunque siempre había votado a IU y al PCE, con el ojo puesto en el PSOE tenía muy claro que los cambios en la izquierda llegarían con el despertar del gigante dormido que representaba este partido, en el que militaban amigos, muy buenos amigos, amigos de años antes. Y con la conversación con unos de ellos, un hermano propiamente desde hace ya casi 19 años, que había seguido casi un proceso similar al mío, llegué a la conclusión de que lo que hacía realmente falta en el PSOE era gente verdaderamente de izquierdas que remaran hacia la posición que el PSOE nunca debió perder, y que, con la recuperación de su lugar, el partido recuperaría su grandeza, y volvería a ser esa herramienta de transformación social tan necesaria. Así que me afilié, primero en Fuenlabrada donde residía, luego en Palma, cuando decidí volver.

En los años que llevo en el PSOE, que no son muchos (ocho solamente) he tenido tiempo de ver muchos partidos, muchas corrientes, demasiadas familias.. en el tiempo que hace que milito he visto demasiados intereses personales, demasiados egos… personas de izquierdas (de diferentes formas de entenderla, pero de izquierdas al fin y al cabo), pero también gente que siendo muy del PSOE y que sin duda se parten la cara por el partido, no son socialistas, no lo han sido nunca y no sabrían identificar lo que representa el socialismo aunque se lo escribieran en la cara o se lo indicaran con un dibujito. Pero como a mi no me corresponde ir acusando a nadie, excepto en ocasiones muy clamorosas me he limitado a ser crítico constructivo, a trabajar, a ofrecerme, a aportar mis ideas y mi visión particular de todo lo que acontece dentro y fuera del partido (Un partido que muchas veces, por endogámico, confunde los límites de una cosa y otra, y finalmente acaba por saber solamente lo que significa estar dentro). Y lo he ido haciendo honestamente, siempre con el corazón y la sinceridad por delante, nunca con mala fe, y siempre con mucha paciencia, mucha mucha paciencia; autoconvenciendome una y otra vez de que todo lo que acontecía que no me agradaba, todas las renuncias que se hacían como partido, todas aquellas malas decisiones correspondían a un pequeño grupúsculo retroalimentado, que nada tenían que ver con el sentir real del partido, y que cuando por fin se escuchara su voz , que cuando se tomara el pulso a la militancia, su pronunciamiento sería del todo distinto.

Así que asqueado de mundanidad, de la mendacidad, de la vieja forma de hacer política, de los egos agigantados y de los reproches ocultos, y cansado de los resquemores constantes, de las palabras a medias, de las mentiras intactas y de las verdades perdidas, abracé la posibilidad de estas primarias con ilusión, con la emoción de quien se siente en el vértice de un tiempo de cambio. Pero no duró mucho, y no lo hizo porque para mi desilusión no todos los candidatos que se presentan personifican ese cambio, y porque justamente quien no lo hace parece colocarse en una posición aventajada. Pero no se coloca paradójicamente aventajado por su valía, no, ni mucho menos; sino porque repitiendo las pautas que dividen a la izquierda, las personas críticas se enfrentan entre si por matices a veces menores y reparten sus votos, dejando el camino libre para el acomodado…

Un acomodado que si llega a salir finalmente vencedor el día 13, hará que me despida del partido, que diga adiós a lxs compañerxs de lucha, y que corte en dos mi carné de militante; y no porque quiera dejar de formar parte del PSOE ni porque carezca de carácter democrático (acataría cualquier otra elección conjunta de la militancia, pero no esta), sino por honestidad y coherencia, porque estoy cansado de que sea más de lo mismo. Siempre me quejé de que había dos PSOE, el de la militancia y el de la cúpula, y si ahora que vota por fin la militancia, las bases deciden que quieren a un Secretario General que a mi entender no es verdaderamente socialista, no representa a la izquierda y es en sí solo una imagen, mi honestidad y mi coherencia como SOCIALISTA es dejar de militar en un partido que ya no lo sería. De ahí a que día 13, al menos para mi, represente si o si un cambio, porque a veces, y a diferencia de lo que W. Whitman asevera en el final de uno de sus poemas, no siempre, no en todas circunstancias queremos o deseamos contribuir con un verso.

Ese fue uno de los motivos, entre otros, por los que decidí avalar y respaldar a Madina, pensaba que era la opción más importante para derrotar a Sánchez. También influyó su oratoria, su contundencia, su compromiso, su implicación, su conocimiento, el equipo que le respaldaba y la distancia que tomó enseguida con lo que siempre yo había detestado. Pero a pesar de todo eso le fallaba una cosa… el discurso seguía siendo incompleto; tenía matices que no acababan de ajustarse a lo que siempre había defendido, ¿Pero quién puede decir que su Secretario General casa al 100% con el mensaje que ha defendido siempre? Confié y confio en Madina, y lo tomé como un mal menor, como aspectos limables que se podrían alcanzar en un futuro no muy lejano.

El debate del día 7 de Julio entre los tres aspirantes a la Secretaría General del PSOE trastocó mucho esa decisión. Me gustó Madina, cumplió con lo que se esperaba; me asqueó Sanchez, también cumpliendo con lo que esperaba; pero puedo decir abiertamente que disfruté como un niño escuchando un discurso y unas propuestas con una claridad cristalina, como hacía muchos años que no escuchaba, y que no provenía de ninguno de los dos candidatos favoritos. Fue entonces cuando descubrí a Tapias, con una oratoria sencilla, sin palabras grandilocuentes pero con un discurso muy equilibrado; un Tapias que hablaba con la honestidad y sencillez que siempre había reclamado, obrando el milagro de representar una por una todas las palabras que yo había defendido siempre (republica, dialogo, federalismo, laicida, rearme de lo público, etc.); que personificó como nadie el cambio y regreso a la izquierda que el PSOE necesita; y que pudo incluso permitirse el humor propio de la lucidez en un momento de tensión como en el que se encontraban.

Tras días de darle vueltas, y bebiendo como de costumbre del pesimismo que me permite ponerle pegas y matizar todo lo bueno que encuentro en mi camino, volvía a convencerme de que la mejor opción seguía siendo Madina, por representar al voto útil y por poseer la contundencia que siempre he ido reclamando a todxs y cada unx de lxs representantes de izquierdas a lxs que he tenido que votar. Hasta hoy. Hoy he despertado con el convencimiento de que Tapias es el mejor candidato de los tres para este nuevo tiempo, con la claridad de que tiene el mejor discurso y la voluntad real de llevarlo a cabo. Y si en algún momento he esgrimido que le faltara la fuerza, la garra necesaria para lidiar con este gigante, con este PSOE anquilosado en posicionamientos impropios, tengo la certeza de que lejos de deslegitimarlo como candidato, a quien deslegitima realmente es al PSOE como partido.

Así que domingo 13 de Julio votaré por Tapias, por José Antonio Pérez Tapias, porque con él si puedo decir sentirme totalmente representado, porque si le falta fuerza le ayudaremos a tenerla, y porque si me he de despedir de esta etapa de mi vida, quiero hacerlo con un verso de plena honestidad.

UN BESO, Y adelante!!

VIDEO COMPLETO DEL DEBATE
http://www.psoetv.es/?MetaDataID=833633&=videoDebate-entre-los-candidatos-a-la-Secretaria-General-del-PSOE

Cuestionarse En La Sombra Extendida De La Madrugada

29/11/2013 § Deja un comentario


islaHace ya unos días, víctima de la nostalgia, volví a ver una de las películas que marcaron mi infancia y mi pre adolescencia; “The Breakfast Club”, en España, tan mal traducida como siempre, “el club de los cinco”. Y me removió, como me remueven todas las cosas últimamente, como me removieron siempre las cosas que hacen que reflexione sobre mí mismo, sobre lo que fui, sobre lo que soy, o no soy, y sobre lo que seré, o dejaré de ser… La incerteza comienza desde el mismo segundo que precede a cada latido que llega…

Y quería escribir, como me ocurre siempre que algo me remueve y me encuentro cerca de un teclado, o de algo que me permita comunicarme conmigo mismo, como me ocurre siempre que el ánimo aún sigue despierto. Y quería escribir, sobre “el club de los cinco”, y sobre la reflexión conjunta que aparece expuesta con una voz en off al final d la película, sobre el ser, el querer ser, y como todo eso no sirve de nada cuando lxs demás proyectan en ti lo que quieren, y es lo que ven, a pesar de todo lo que pueda suceder. Y quería escribir sobre eso, y sobre lo que se espera, o se deja de esperar, de nosotrxs, sobre la frustración que genera, y sobre la búsqueda, de una recompensa ficticia que nunca llega, en la complacencia de los deseos y las expectativas ajenas.

Quería escribir sobre eso y sobre alguna cosa más, pero estamos en noviembre, en el ombligo del otoño, y como cada otoño mi ánimo esta despierto pero gris como los días, y mi voluntad es cada vez más corta como los días, y la mayoría de las veces, a diferencia de los días, no suelo acabar lo que comienzo. Así que lo dejé. Quedó en un borrador… Pero hoy he visto “tan fuerte, tan cerca” de Stephen Daldry (uno de los directores que mejor trasladan los sentimientos a la pantalla) y otra vez vuelvo a cabalgar sobre la sombra extendida de la madrugada (quizá porque es la mejor alfombra sobre la que recostar las reflexiones) con los dedos hambrientos de golpear el teclado… Con el corazón repleto de palabras que escupirle a los dedos…

Es en este momento en el que transformo unas preguntas por otras y el ¿quién soy? se convierte en un cuestionamiento más amplio que continúa en un ¿para quién soy? o ¿con quién comparto aquello que soy? ¿Es el compartir aquello que soy lo que le otorga sentido? ¿qué sentido tiene aquello que soy, aquello que quiero ser, más allá de la interpretación que lxs demás hacen de mí? pero no tengo respuestas, y a unas preguntas les suceden otras, y mi cabeza divaga esta vez en disonancia con mi corazón y mis dedos… así que lo dejo, pero no como un borrador, sino como una reflexión abierta, y dejo por primera vez un post, este post, de la misma forma (abierto, inconcluso), porque aún no he conseguido responderme a nada de lo que me he preguntado, porque además de a vivir aún no he aprendido a dejar de cuestionarme, y porque, entre otras cosas, aún sigue siendo otoño, y como siempre en otoño, dejo las cosas sin concluir.

Necesidad

20/11/2013 § Deja un comentario


solutionHace  ya casi ocho meses que no escribo nada, y cada vez le tengo más miedo a la hoja en blanco, aunque sea como en este caso, una hoja metafórica. Siempre me dijeron que no se me daba del todo mal eso de juntar palabras, pero cada vez que últimamente intento acercar un par me encuentro menos cómodo, más inseguro, e igualmente perdido Y si, perdido, porque el efecto redentor de la escritura se está desvaneciendo, y como no me apresure a perseguir, a recuperar la estela de lo que un día se me ofreció como camino, ya no me va a encontrar nunca ni la madre que me parió.

Sigo en mi descenso. Un paso más, un trago más.

 He visto fotografías y videos, he leído ensayos y artículos, columnas de opinión y postales mañaneras, he mirado en ojos vidriosos, tocado  fantasías de espuma y felpa, y he escuchado canciones y consejos, palabras de amistad y reproches familiares… Y en todo, con alguna excepción matizable, había un empuje común hacia el optimismo, pero…  (¡Hay un pero! ¿Porqué? pues, evidentemente, porque no soy optimista) Pero si fuera tan fácil ser optimista no habría frase alguna que nos tuviera que recordar la necesidad de serlo, no?

No soy optimista, soy un tipo gris, lo admito. Soy un tipo gris y  apagado, que ha perdido los sueños de infancia que arrastraba en pos de una realidad tangible que le abofeteaba entonces por optimista  (lo fui en un instante efímero), y que lo hace ahora por ser escéptico. ¿Terminos medios? los desconozco. Tengo la conciencia presente de que nunca he aprendido a vivir (y si no sabes vivir no existen los términos medios, y todo lo que eso conlleva). Tan solo amar. Tan sólo creí saber amar,  pero hay quien se apresura a decir que si no me quiero yo, no puedo querer a nadie, así que al final, hasta esa “certeza” acabo poniéndola en duda… Y si no he aprendido a amar, si no he aprendido a vivir, como ser optimista? no es acaso el optimismo una demostración de amor a la vida? dudo, y dudo, y dudo, y… Mientras dudo, el tiempo pasa, las dudas se afianzan, y me olvido de lo poco que aprendí… Y divago… Y deambulo… Sin forma ni cuerpo, sin animo y sin pulso, sin cohesión y con vergüenza… Sin saber que hacer para cambiarlo… A la espera del día próximo del suicidio de los años… Bebiendo para olvidarme de mí y de los errores cotidianos que cometo; del amor que no doy y que no recibo; del miedo que me aporta un mundo que no he aprendido a manejar, pero que pretendo transcribir en un intento pueril de llegar más lejos desde el mismo principio.

Misae 50

30/03/2013 § Deja un comentario


KONICA MINOLTA DIGITAL CAMERA“Hoy me siento feliz, como una perdiz, por el cielo volando…” que dirían los Lunnis. Pero hoy (aunque parezca mentira, jajaja) no estoy feliz porque sea el cumpleaños de Lupita, sino porque es un día especial para Manuela Cayero De La Rosa, MI Misae, que cumple la significativa cifra de 50 años. Me hubiese gustado, en un día como hoy, encontrarme más cerca y poderle dedicar mi tiempo y mi atención absoluta, y celebrarlo como bien se merece (el viaje que tenemos pendiente a la Habana hubiera sido un lujazo) pero la rutina del trabajo y la distancia me lo impiden, así que sirva este post como homenaje público y sentido a cada una de las vivencias, acontecimientos, decisiones, situaciones y gestos, que conforman esa linea de vida que hoy suma un año más, y retrasamos (que no descartamos) esa magnifica celebración para cuando se pueda.

Las personas que me hayáis leído en alguna ocasión, que me conozcáis un poco, sabéis de la importancia que adquiere para mi el significado real de la palabra Amistad (según la definición de la RAE: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato), pues ya he hablado de ella en algún que otro post anterior. Y a pesar de que, como otras tantas, es una palabra denostada, infravalorada, y habitualmente mal utilizada (alguna que otra red social contribuye a eso), todas y cada una de esas veces que la utilizo tengo la prudencia de hacerlo partiendo de ese sentido tan concreto. Soy consciente de que colegas y conocidos abundan, pero amistades, y sobre todo las que perduran en el tiempo, son extremadamente limitadas.

Misae es una de esas personas, y lo es ocupando un lugar destacado. Una persona que ha contribuido tanto y tan prolongadamente en mi vida, mejorándola, matizándola, que no tengo la menor duda de que no hubiese sido para nada la misma. De hecho, tengo la certeza, pues fue ella la que me animó a tomar la decisión de ir a vivir a Madrid, la que me ofreció su casa. Fue ella la que me brindó su incondicional apoyo anímico y afectivo (alguna vez económico), cuando las fuerzas decaían;  La que me otorgó valor cuando más los necesité; La que confió, y confía, en mi cuando nadie más lo hizo;  La que aprendió a amar y compartir mis pasiones, y me acompañaba al Prado…  al reina Sofía… a los cines de la plaza de los cubos… al parque del Retiro… quien visitó conmigo Lisboa (ciudad reminiscente de un nosotros), Toledo, Barcelona, etc;  La que me aportó una parte (sigo requiriendo más, siempre más, jajaja) de la serenidad que mi vida siempre necesitó; La que dio un paso conmigo hacia la política de base, exteriorización de una reflexión social que siempre tuvimos, y quien me alentó en mi andadura por la militancia activa…

Hoy, en la distancia, celebro sus 50 años de vida, y los más de 10 de la complicidad y entendimiento que compartimos. Celebro su generosidad, su comprensión y su entendimiento, y, sobre cualquier cosa, el amor y  amistad que le profeso, y que también he recibido y sentido siempre. Deseo que formes siempre parte de mi vida!

MUCHAS FELICIDADES MANUELA.

¡¡MISAE, TE QUIERO UN MUNDO!!

Poema sin titulo (1)

28/01/2013 § 2 comentarios


SIN TITULO

Quiero cerrar un eslabón más. A los necios, para los necios, otro eslabón más. Para los que jugaron conmigo a ser mentira, o aspiración a mentira, para ellos, un eslabón más.

Quiero cerrar un eslabón más, ser lluvia en una noche desnuda, el vacío dejándose sentir, conservar la niñez a la grupa de mi soledad, mi silencio, y recoger las huellas que un día dejamos en la arena borracha de sal, para que nadie supiera que estoy aquí, haciéndome servir de la distancia.

Y cierro un eslabón más. Y rehuyo… de la constancia de la obsesión aunque me ampute algo más que las manos. Y clamo… desde mi prudencia desgarrada, desde la renuncia de los que no empezamos nunca, para oír el estallido del eco en el estomago. Y clamo, mientras cierro otro eslabón más, mientras permanezco para marchar, mientras añoro la eterna despedida, la flagelación y el destierro.

                Llorenç Pérez Cano